
Los periodos vacacionales representan cambios significativos en la dinámica social, familiar y comunitaria. En particular, Semana Santa se caracteriza por un incremento en la movilidad, la convivencia social y la modificación de rutinas cotidianas, lo que genera nuevas condiciones que pueden incidir en la seguridad pública.
Durante estas fechas, es común que un número importante de viviendas permanezcan deshabitadas por viajes, que aumente la presencia de personas en carreteras, playas y espacios recreativos, así como el número de reuniones sociales, muchas de ellas asociadas al consumo de alcohol. Estos factores, en conjunto, generan ventanas de riesgo que pueden favorecer la ocurrencia de determinados delitos y situaciones de emergencia.